“Roadtrip”, “wanderlust” y otras adicciones que suenan un poco raras 😏

Si hay algo que recuerdo de mi infancia con  pasión,  además de  la bola de cristal y los debates juveniles sobre cine los sábados por la mañana…  son  las road movies; eran para mí un  claro reflejo de libertad. Soñaba con ser mayor, coger un coche y salir por ahí a descubrir el mundo sin mirar atrás. Ese tipo de películas ya me apasionaba cuando ni siquiera sabía que podían considerarse un género.

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En las películas americanas nunca había límites ni fronteras,  de repente optabas por cambiar de vida,  de personalidad,  incluso de identidad e iniciar una nueva  aventura en un estado que  elegías al azar en el  mapa… Entrabas en una de esas tiendas de coches de segunda mano con montones  carteles con precios de ganga y te comprabas un coche por unos cuantos dólares que pagabas al contado, luego ponías en venta todos tus muebles, tu ropa y el resto de  tus pertenencias en el jardín de tu casa ,  te montabas en aquel coche grande, colorido y medio destartalado;  como  solían ser todos coches de las películas americanas o en una furgoneta,  de esas que llevan  como un remolque y en la cabina caben tres  e incluso el perro y era ahí donde comenzaba la aventura.

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Un viaje por el medio de carreteras polvorientas que atravesaban desiertos;  con un enorme cactus  que aparecía cada cien o doscientas millas,  y después de un largo día por carreteras desiertas sin cruzarte con ningun otro coche y con la música sonando a todo volumen en un radio cassete de los de toda la vida , lograbas divisar una gasolinera de esas donde te atiende un chico con un mono vaquero y una camisa de cuadros y aprovechas para ir al baño y para  comer en un restaurante  de esos  de comida rápida en donde en lugar de sillas , hay sofás de scai de color rojo o anaranjado, uno a cada lado de la mesa  y te atiende una chica rubia con coleta que viste un uniforme de cuadros vichy rosa,  mientras un sonriente cocinero negro prepara hamburguesas en una plancha gigantesca… a tu lado unos hombres  con aspecto rudo;  fuertes, barbudos y con chupa de cuero que al salir escupen al suelo y tras los grandes ventanales… puedes ver  como desaparecen entre el polvo de  la carretera montados en sus Harley-Davidson...  miras a tu alrededor y piensas que  la  clientela  es un poco extraña … aunque tampoco descartas que la rara puedas ser  tú.

Luego te paras a dormir  en el primer motel de carretera que aparece , uno de esos moteles   que  dan un poco de yuyu porque a pesar de que suelen ser como galpones con muchas puertas y habitaciones independientes, no puedes evitar que te recuerden al terrorífico motel de carretera con un aspecto bastante más interesante,  donde vivía Norman Bates y claro, te entra un poco de psicosis…

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Pues hay algo  en todo esto, que ha hecho que me vuelva loca por un road trip yo, ya no entiendo un viaje normal. Cuando la gente me dice _”Me voy a a Paris o a Roma de vacaciones” Pienso: _ ¿Sólo vas a ir a  Paris? _¿Te vas a quedar allí todo el tiempo?   Más de tres días  en el mismo lugar cuando estoy de viaje, me parecen excesivos. Ahora cuando  imagino un nuevo país, pienso en recorrerlo todo , en hacer el máximo recorrido en el tiempo del que dispongo. Hay gente que se obsesiona con gastar poco, para luego presumir en su blog, o en las redes sociales, si te estás quieto en un lugar obviamente gastarás menos porque lo que encarece mientras viajamos suelen ser los desplazamientos, más que el alojamiento o las comidas… pero no me imagino quedarme atrapada durante mucho tiempo en una ciudad solo para ahorrar dinero, si no  es por necesidad, claro está.

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Para mí ya se ha convertido en una obsesión conocer las carreteras, los diferentes paisajes, el clima, la gente,  el ambiente de los pueblos pequeños y el alejarme un poco más de las grandes ciudades…  Las costumbres y la vida cambian de un lugar a otro aunque solo los separen 60 kilómetros.  A veces hasta pienso en  lo carente de perspectiva  que es todo;  el que viaje a Marrakech creerá que ha estado en Marruecos,  pero Marrakech nada tiene que ver con Essaouria, Tetuán o Casablanca…  es imposible encontrar una ciudad que represente a todo un país,   y  te hace llegar a la conclusión de  que nunca has estado en ese país, a no ser que lo hayas recorrido todo… Habrás estado en una ciudad, pero eso no resume el país… Y eso pasa en todos los lugares del mundo; yo soy española, pero no vivo en Madrid ni en  Barcelona, tampoco bailo flamenco y nunca he ido a una corrida de toros… El que viaja a Madrid, a Barcelona o al Sur de España se cree que ha estado en España, pero una gran parte de España se le está escapando…

Pues es igual que  estar en la Habana; la Habana, no resume Cuba;  sería estar sólo en la Habana y  quedarían muchas , muchísimas cosas sin ver… ¿y todo esto a que viene, os preguntaréis? Pues no es más que una reflexión casera, con la que  pretendo  adentraros en nuestro road trip por Cuba, que os iré contando ;  un road trip  en viazul,  una empresa cubana de autobuses con las que que hemos tenido nuestros más y nuestros menos… y con los que al más puro estilo “Paco Martinez Soria”  he tenido que insistir y  lidiar hasta que por fín me han dado la razón , como se les da a los locos, ¡vaya! Pero por lo menos, yo me he quedado algo más tranquila!  😉

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