Durmiendo con un Gurú (Noches en tren)

El título del post  puede recordar un poco a “Durmiendo con un Vampiro” pero nada que ver,  dormir con un gurú resultó ser una experiencia casi religiosa 😉

En la estación de tren de Agra.
 Subimos al tren sobre las diez de la noche y enseguida encontramos nuestras literas , esta vez más cercanas entre nosotros. ¡La experiencia es un grado!
A Ángela, Barbara, Maribel y a mí nos tocó en un “Departamento kinder” (Tenía sorpresa)
Cuando Amit nos dijo que había sitio para cuatro allí… Virtudes que es una mujer observadora preguntó _¿Cuatro? _¿Caben cuatro ahí con el altar que se trae ese tío montado? No sabía a que se refería… Al entrar pude ver de que  hablaba.
Íbamos  a compartir departamento con un gurú!! 😀
Para los hinduístas el gurú es un maestro espiritual , considerado una persona importante que muestra el sendero del yoga, enseña las técnicas de meditación, y a quien se le pueden pedir consejos.
Así de decorado nos encontramos nuestro departamento en el tren.
El frente estaba  decorado con collares de flores  de color naranja y amarillo como las que llevaba nuestro acompañante colgadas al cuello. También había pétalos de rosas  y hasta pepinos y calabacines … Era el más bonito y original de todos los compartimentos y encima oloroso!
 Así que juntamos las manos y saludamos : “Namasté!”. Nos repartimos las literas y colocamos nuestras cosas.
Viajando con un gurú  no podía pasarnos nada!! Te quedas mucho más tranquila 😉 
 
Como el departamento donde dormían Estrella y Amit iba casi vacío,  nos quedamos allí a charlar mientras no subía nadie.
Cenando y charlando en el tren
En la litera del pasillo iba un chico que se puso a hablar con nosotros y que resultó ser informático. Coleguilla de Estrella ¡vamos! Así que quedó bautizado ya como “El amigo de Estrella”.  Charlamos con él un buen rato hasta que “Nuestro gurú” nos hizo una llamadita de atención y nos mandó apagar las luces.
Estrella con su amigo, intento apartarme para no salir en la foto, pero ya es demasiado tarde :S
Estrella y su amigo continuaban hablando. Allí los dejamos inmersos en una extraña conversación :  El amigo de Estrella decía que a Varanasi también se  le llama Benares, Banarés, Vanarasi, y khasí… Pero Estrella se negaba a aceptarlo y le decía que ella había buscado Vanarasi en google y le había salido otro sitio… Si ya Varanasi me tenía intrigada…¡ La intriga iba en aumento! Pero aún así, hicimos caso omiso al gurú 😉  y nos fuimos a dormir a nuestro departamento oloroso y decorado con flores.
Estrella nos hace la foto a Bárbara y a mí mientras “nuestro gurú”  reposa placidamente  😉
La verdad que dormí muy  bien. Hubo algo de meditación por la noche pero a mí no me afectó en absoluto ( En ese momento aún nadie nos había explicado lo del ohm) y cada vez que daba una vuelta me venía el olor de las rosas… así que de maravilla!
Cuando despertamos, nuestro gurú ya se había ido pero se había dejado toda la decoración. Anna vino a despertarnos y  nos contó que normalmente cuando van a despedir a los gurús al tren les llevan regalos, y probablemente esos eran sus regalos de despedida.
Bajamos de las literas y fuimos con Anna  al departamento  donde Estrella y Amit habían pasado la noche. El amigo de Estrella dormía al otro lado del pasillo.
 
Seguimos hablando y comiendo galletas hasta llegar a Vanarasi. De vez en cuando pasaba un hombre ofreciendo Masala Chai , que es el té de la India y que es el resultado de  una  mezcla variada de especies; cardamomo, clavo, pimienta… Está riquísimo cuando está en su punto. La verdad es que a mí en cada sitio me sabía diferente. (La cantidad de unas especies o otras varía considerablemente,  así cada vez que lo tomas, parece un té distinto)
Sin saber la razón, el tren se quedó parado a unos pocos kilómetros de Varanasi durante casi una hora y hasta nos pareció ver a alguna gente que salía y  continuaba su viaje andando.  
Y ahí estábamos nosotros, a punto de entrar en la loca y sorprendente Varanasi , de la que tanto y tan mal habíamos oído hablar. 
 
XD qué nerviosss!! 😀
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Varanasi, La ciudad sagrada

Varanasi, Benarés, Banarés, Khasí… Todos estos nombres para una  ciudad única .
Varanasi, que así se le llama habitualmente, es una de las siete ciudades sagradas para la religión budista, hinduista y jainista.
 
Amit nos contó que probablemente deba este nombre a su ubicación geográfica entre los ríos  Varaṇā y Asī. Parece ser que luego los ingleses le pusieron Benarés porque les resultaba más fácil de pronunciar. Hay cientos de explicaciones sobre la procedencia de sus numerosos nombres.
Varanasi, vistas del Ganges
Según el hinduismo, todo aquel que muera en Varanasi (o a menos de sesenta kilómetros de la ciudad), queda liberado del ciclo de las reencarnaciones por lo que muchos ancianos y enfermos van a pasar allí sus últimas horas. Además los  baños en el río Ganges se consideran purificadores de los pecados y  por eso se concentra gran cantidad de gente en sus ghats (Ghat significa en Hindi “peldaño” y se denominan ghats a  las escalinatas que bajan al río).
Varanasi es también la ciudad de los templos,  sagrada por excelencia y es una ciudad especialmente viva.
Munshighat , uno de los ghats de Varanasi
Antes de llegar a Varanasi  habíamos oído de todo.” En Varanasi hay mucha más suciedad y mucho más ruído que en ningún otro lado ,  las vacas están por todas partes y los perros están todos enfermos.”
¡Miedo nos daba! Y aumentaba mi intriga…
Tengo que decir que nuestra llegada a Varanasi fue espectacular.
El viaje de recorrido hasta el hotel es impresionante. Después de llegar a la estación cogimos unos tuc tuc (que son en realidad vespas tuneadas y convertidas en cochecitos de color verde y amarillo, que van cubiertos por arriba y con cortinas por los lados) en los que viajábamos de tres en tres  y nos cansamos de reir durante todo el viaje; la condución es temeraria… De repente te vés en el medio de un montón de tuctucs, de motos tocando la bocina todo el tiempo,  bicicletas,  furgonetas, tractores, vacas en medio de la calzada… ¡Una locuraa! La segunda parte del viaje , todavía más loca de dos en dos en rickshaw , para acabar nuestra ruta a pie con porteadores que nos llevaban las maletas.
Al ver a aquellos chicos con nuestras maletas en la cabeza,  estaba arrepentidísima de llevar maleta,  igual que estaba arrepentidísima de comer tanto cada vez que  teníamos que subirnos a un rickshaw :S
Cuando iniciamos el recorrido final hasta el Gampati ,detrás de los porteadores que llevaban nuestras maletas , mucha gente  se acercaban a nosotros para  preguntarnos de donde éramos, ofrecerse a acompañarnos o intentar vendernos  algo. “Hola” “Ciao” “¡Bueno, bonito, barato!” En Varanasi  se oye de todo 🙂
 
 El ambiente y el ruído es tan exagerado que no le encuentro parecido con ningún otro lugar…Las calles son estrechas y retorcidas y muchas veces se crea embotellamiento porque está la calle ocupada por un par de vacas o porque  hay una vaca en medio haciendo sus necesidades.
la gente te mira y te llama desde las tiendas que están totalmente abiertas a la calle y ya no sabes a quien atender…
 
 ¡Habíamos llegado a la loca Varanasi!! 🙂
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Tengo un amigo en Varanasi que tiene una amiga en Barcelona que se llama Olga

Nuestro paso por la India nos dejó muchísimas anécdotas que seguramente nunca serán relatadas… Algunas fueron tan divertidas que no quería que se perdieran en el olvido.
Una de las anécdotas que más gracia me hizo y que aún sigue sorprendiéndome cada vez que la recuerdo, nos pasó con un vecino de nuestro hotel de Varanasi, con el que siempre me sentiré en obligación.

Río Ganges desde la terraza del Ganpati

El día que llegamos a Varanasi, una vez instaladas en nuestra preciosa habitación del Ganpati , me puse a lavar algo de ropa,  pues durante los días anteriores nunca habíamos parado más de una noche en el mismo hotel, siempre con el tiempo justo para dormir y la ropa sucia se me amontonaba.

Vistas a través de la mosquitera . Al fondo  terraza de mi amigo 🙂

Cuando me disponía a colgarla entre la ventana y la mosquitera para que secara mientras íbamos a Sarnath, oí que alguien me llamaba desde una terraza cercana _ “Hola holaa! Eres española?”  _Síííí!! Contesté  Mientras seguía tendiendo la ropa como podía, entre los barrotes de la ventana y la mosquitera exterior . Entonces, aquel chico  me comentó entre inglés y un escueto español, que tenía una amiga en Barcelona que se llamaba Olga.
No sabía muy bien que responder… Quizás que no conocía a Olga hubiera estado bien, pero en ese momento no se me ocurrió , así que  sólo le dije _Pues muy bien! Me alegro!! Y me despedí de él…

Habitación del Ganpati
La decoración de la habitación

Cuando cerré la ventana, le comenté bromeando a Bárbara, que ni se podía abrir la ventana, porque siempre aparecía alguien dispuesto a entablar una conversación.


Días después, poco antes de abandonar Varanasi,  caminábamos una tarde medio perdidas por las estrechas calles buscando la oficina de correos,  cuando un chico  salió de una tienda para llamarme : _Ehh! Yo a tí te conozcoo! Me quedé mirándolo…__Sí! Tú estás en el Ganpati!  Yo tengo una amiga en Barcelona que se llama Olga. Me hizo muchísima gracia volver a oir de nuevo la misma presentación. 
Sólo cruzamos un par de palabras y me regaló una pulsera para que me diera buen karma , luego vió a Bárbara y le dió otra a ella. Me despedí diciéndole que  volvería a su tienda en otro momento para comprar algo,  porque esa tarde no podíamos pararnos,  teníamos cita para darnos un masaje ayurvédico.

Mi pulsera 😀

Pero la historia no termina ahí… Al día siguiente,  después de todas las actividades programadas.  Salimos Bárbara y yo , esta vez acompañadas de Virtu, que  intentaba sin mucho éxito comprar tandori massala chicken de la marca Everest,  a buscar a nuestro nuevo amigo.
Caminamos un montón de veces por las mismas calles y no podíamos encontrar la tienda…Cualquiera que haya estado en Varanasi me entenderá perfectamente.
Entonces, un chico de otra tienda nos preguntó que era lo que  buscábamos y al no saber el nombre ni  nada más,  no supe ni que decir.  Bárbara le dijo que buscábamos a un chico que tenía una tienda y una amiga en Barcelona que se llamaba Olga. Mientras oía decir a Bárbara lo de la amiga en Barcelona que se llamaba Olga , ya no sabía ni que cara poner ¡La situación me parecía tan  surrealista!   Pero por imposible que pueda parecer…¡Los datos bastaron! El chico nos contestó: ¡Sé quien es!!!! Siempre dice que tiene una amiga en Barcelona que se llama Olga, pero hoy no está en la tienda. ¡Vendrá mañana! Y nos ofreció su teléfono.
Ya no pudimos volver a la tienda por una cuestión de tiempo y eso me  ha hecho sentirme un poco mal…

Quería agradecerle la pulsera y comprarle alguna cosa, pero no ha podido ser.

Ahora soy yo la que voy diciendo por  ahí que  tengo un amigo en Varanasi que tiene una amiga en Barcelona que se llama Olga 😉 

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Ganga Aarti Puja en Dasaswamedh Ghat, Varanasi.

 

El día que llegamos a Varanasi  María, la directora de “Semilla para el cambio”, vino a conocernos. Había quedado con nosotras a las cuatro de la tarde, o sería a las cinco… En todo caso fue después de comer en la estupenda terraza con vistas al Ganges del Ganpati.
Iba a explicarnos un poco en que consistiría el curso de “Introducción a la cooperación”. 
Llegó puntual, llevaba puesto un kurta azul y una coleta. Mi primera impresión fue la de que era  una chica rápida  y resolutiva, también  me pareció un poco tímida porque escapa un poco con la mirada.
Nos encontramos en el patio de la fuente del Ganpati que es un sitio realmente bonito.
Patio del Ganpati Guest House

 

Primero nos presentamos y luego nos explicó en un momento en que iba a consistir el curso, nos habló de normas básicas de como acudir a las visitas a los beneficiarios de la “Semilla para el cambio”,  como el tema de la ropa;  teníamos que llevar los hombros y las piernas cubiertas.
También nos comentó que no hiciéramos mucho caso a lo que nos dijeran los chicos indios porque algunos  sólo buscan una novia extranjera para salir de India.
(Supongo que estos son los consejos que María dá a las voluntarias que vienen a pasar períodos más largos)
María es de esa gente que habla claro , sin poses ni imposturas y lejana al estilo madre Teresa de Calcuta, no cree en el Dios proveerá y siempre se muestra activa.
Antes de viajar a la India había visitado la página de la semilla y también  había visto algún video en el que salía ella, así que no me sorprendió.
Cuando terminamos de hablar nos invitó a visitar los ghats y a acudir a la celebración que hay cada anochecer en el ghat principal Dasaswamedh Ghat que se llama Ganga Aarti Puja (Una puja es una ofrenda) , en este caso hacen ofrendas florares á Brahma y Shiva. Esta celebración congrega a cientos de locales y turistas para ver un espectáculo de fuego, luces, baile tradicional y música. Un espectáculo digno de ver y que además es gratutito.
Celebración en Dasaswamedh Ghat

 

Varanasi es un ciudad orientada al Ganges; la gente acude a los ghats a bañarse,  a descansar, a mirar el río… Paseamos por los ghats y acabamos sentándonos a tomar un chai que preparaba una mujer en uno de los ghats, próximo a DasaswamedhNo hay ni que decir que me lo pensé. Las medidas de higiene no tienen nada que ver con las que nosotros conocemos. La mujer hervía el agua sobre una especie de hornillo y luego removía las hierbas con una cuchara de palo que apoyaba en cualquier lugar… Así que cuando cogí el té para beberlo sentí miedo (¡Qué obsesión! Hay que ser ridícula para tener miedo de agua hervida… )
Fue el chai más rico que he tomado en toda la India , estaba delicioso, nos invitó María. No queríamos dejar que pagara ella pero nos dijo que el chai en la India tiene un precio insignificante.
Continuamos charlando y tomando el té tranquilamente a orillas del Ganges hasta que fue la hora de la ceremonia.

 

 

Cuando llegamos, el ghat estaba lleno de gente y para verla mejor,  María nos llevó a una especie de terraza desde donde se veía todo bastante bien, pero al poco rato  la terraza se llenó de vacas y  como las vacas ocupaban bastante, tuvimos que bajar a verlo entre la gente.
La ceremonia es naranja, cálida y sonora… Cálida ya no sólo por el calor que hacía , también por el fuego y por las ropas naranjas de los protagonistas y por una música,  que lo llena todo.
 Celebración en Dasaswamedh Ghat
En la ceremonia que concentra a turistas y locales, mucha gente participa aplaudiendo al ritmo de la música. 
Allí conocí una de las niñas con mejores dotes comerciales de la India.
En la India hay niñas con un gran potencial comercial, que diría Carmen…

 

Se me acercó una niña sonriendo con una cajita de pinturas como las que se usan en la fiesta del color , fiesta de Holi,  y me pidió que le dejara mi mano… Yo no quería y le decía que no, pero ella me insistía _”Itś free no money!!” Todo sonriendo;  sonriendo ella y sonriendo yo  empezó a hacerme dibujitos como los que hacen con henna en el dorso de mi  mano y luego, con las mismas pinturas me pintó las uñas de color plateado. Yo ya no atendía a la ceremonia, sólo atendía a la niña que estaba haciendo una obra de arte en mi mano…
 Cuando terminó me dijo si quería una caja de pinturas y por supuesto le dije que sí,  sin regateos por 100 rupias . Mis  compañeras también querían , así que la niña se quedó sin material y nos dijo que la esperáramos que iba a por más. Era tan lista y tan  buena comerciante que  me dejó su bolsito para que se lo guardara y así estar segura de que la esperaríamos . 
Luego conocí a algunas niñas más como ella; unas niñas verdaderamente espabiladas, simpáticas y con mucho desparpajo…  
¡Cuánto potencial!! que diría Carmen.

 

La niña con mejores dotes comerciales 🙂

Cuándo ya estaba casi a punto de terminar la celebración llegaron Nuria  y Nani con Amit, que las había ido a recoger al aeropuerto. La verdad que el avión les había hecho perder un día en Varanasi, volví a alegrarme de haber viajado en tren con  el gurú 😉

Al terminar la ceremonia algunos hombres  que participan en la celebración caminan entre la gente con una vasija con pintura grasa de color naranja que ponen a la gente en la frente para desearle larga vida.  No me apeteció que me la pusieran …No sé por qué le dije: “No thanks”… Ahora no podré quejarme si no tengo una larga vida!  😦

 

Celebración
La ceremonia es digna de ver,  un ritual completo con música, baile, agua, fuego y ofrendas florales. 
Varanasi es  sin duda una ciudad mística!  Y naranja…
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Sarnath y la Universidad de Varanasi (BHU)

Durante la cena del Sábado en el  Brown Bread Bakery de Varanasi , hicimos planes para el Domingo…
María nos dijo que  Cristina, la coordinadora de voluntariado en Semilla para el cambio,  podía acompañarnos a hacer una visita a Sarnath y a la universidad de Varanasi BHU (Banaras Hindu University) .

Sarnath

Sarnath es una de las cuatro ciudades santas del budismo ubicada en el distrito de Benarés. Es el lugar histórico donde Buda por primera vez predicó el budismo y cuna de la primera comunidad budista.

María nos preguntó si nos molestaba que Cristina trajera a su niña porque no tenía con quien dejarla y la verdad es que nos encantó conocer a Ananda.

Salimos muy temprano porque nos dijeron que luego el tráfico en Varanasi era imposible. Vinieron a buscarnos Cristina, Ananda y Ravi. Un conductor nos estaba  esperando en la furgoneta.
Tengo que decir que Cristina me sorprendió;  antes de llegar a la India había hablado  con ella por teléfono  y no sé porqué me la imaginé diferente. ¡No sé si más española o no tan india! 😉
Cuando la ví  comprobé que estaba totalmente adaptada al medio ; tanto ella como Ananda vestían un salvar kurta o salwar kameez que es el traje típico indio de tres piezas ; una  especie de vestido por encima de la rodilla con aberturtas en los  laterales,  unos pantalones y un fulard…
El de Cristina era verde a tono con sus ojos . Ananda traía un kurta de color claro y  el fulard hacia atrás perfectamente colocado como lo traen las chicas indias y ni se le movía… Las dos con el pelo larguísimo y peinado en una trenza y con unos ojos preciosos de color verde agua.
Madre e hija parecían haberse integrado a la perfección en Varanasi.

Raví ,que es guía y amigo de Cristina, es un gran conocedor de budismo y nos saturó de información sobre religión y cultura.

Primero visitamos la Universidad de Varanasi que  tiene un campus enorme. Hay muchas cosas en India que nos recuerdan a Gran Bretaña. El campus de Varanasi por ejemplo, tiene mucho parecido con los Campus Británicos ;  avenidas amplias con árboles y grandes edicicios. Raví nos  enseñó las facultades y las residencias universitarias.
Cerca del campus hicimos una parada para dejar a Ananda que iba a jugar con una amiga  y allí la esperaban  su amiga y la madre de su amiga.

Posando y haciendo amigos 😉


Cerca de la universidad está Sarnath. Era Domingo y había muchos visitantes, alguna gente quería hacerse fotos con nosotros.

                                                        

 ¡Nunca había visto tantos templos! 
En los templos se pueden hacer muchas cosas. Lo primero es descalzarse. Luego puedes acercarte a una especie de altar y lavarte con agua de pétalos de rosa o ponerte a la cola para que el brahamán te haga un círculo con pintura de color naranja con el dedo pulgar en medio de la frente.

Es muy habitual ver a la gente , tanto hombres como mujeres con su “pottu” en la frente en cualquier lugar y a cualquier hora del día. La marca se situa justo donde  los hinduístas situan el llamado tercer ojo, ojo espiritual  o punto de luz. 
En algunos templos también se pueden pedir deseos cuando tocas la campanita al entrar. Yo misma durante este viaje he pedido cinco deseos ; tres en un templo,uno en Sarnath y otro que le pedí al Ganges. La verdad que al Ganges se lo he puesto tan  dificil que me dá miedo que se cumpla 😉

Parque de ciervos

Después de comprar unos cuencos tibetanos y unas pulseritas y demás suvenirs, nos fuimos a comer a un restaurante que nos recomendó Raví  y que estaba a las afueras. Raví no comió porque ese día estaba haciendo ayuno. Sólo se tomó  un masala chai.

Carta del restaurante

 

Comiendo con Cristina y Ravi.

Por la tarde visitamos otro templo impresionante y de vuelta ya en el autobus , Nuria le comentó a Cristina a quería comprar un sari para una amiga y le preguntó  si conocía algun sitio interesante donde poder comprar. Raví nos habló de uno que no era muy barato, pero era bueno.

Fue lo loco del día: Tres personas atendiéndonos;  primeros nos mostraron una especie de telar y como se hacían las telas y luego nos mandaron sentarnos a todas en unos banquitos y nos traían té y agua. 
 Nosotras les pedíamos kurtas sencillos de algodón y ellos nos enseñaban sedas carísimas y nos decían que nos lo confecionaban a medida y nos lo llevaban al hotel al día siguiente. 
la verdad es que en la India esto funciona de lujo ; te arreglan la ropa al momento o te la hacen a tu gusto. 
Pero esta gente no nos hacía ni caso y querían vendernos cosas que no nos interesaban… Peloteo tras peloteo para meternos en el bote y luego ponernos la tapaaa! :O

Viendo que no nos enseñaban lo  que le pedíamos y por las cosas que tenían nos pedían un dineral, se lo comentamos a Cristina que nos dijo que nos fuéramos y punto, y así hicimos. Nos levantamos y  y dijimos adios. Hasta Nuria que ya se había decidido por un sari , se lo dejó allí y nos fuimos tan contentas con las botellitas de agua.

¡No sé como salimos vivas de allí! 😉

Habríamos comprado algo,  pero en este caso ¡la avaricia rompió el saco! 🙂

Al día siguiente empezaba el curso sobre cooperación y las visitas a los beneficiarios de la “Semilla para el cambio”

¡Varanasi tenía toda la pinta de dar mucho de sí! 🙂

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El día que llovió “perros y gatos”

Existe en español la expresión llover a cántaros  pero no sé porqué esta vez no me parece apropiada para expresar la cantidad de agua con la que convivimos  aquel día.  Será porque los ingleses tiene más experiencia con la lluvia,  que su expresión “It’s raining cats and dogs”  es mucho más contundente y ese día sólo faltó que del cielo cayeran elefantes.
La vida sigue en Varanasi
Era Martes, nuestro cuarto día en Varanasi,el mismo día que nos habíamos levantado a las cinco de la mañana para ver amanecer en el Ganges.
Durante todo el día había hecho mucho calor, no recuerdo ni un sólo día en la India en el que no hiciera muchísimo calor… Nos pasábamos el día sudando e incluso después de ducharte notabas como de nuevo estabas empapada. Era algo así como vivir en un sauna y sin parar de beber, botellas y botellas de agua “pani”
Aquel día durante nuestra visita en Sigra el cielo se cubrió por completo y empezó a caer una lluvia fina de esa que en Galicia llamamos orballo, justo cuando salíamos del colegio y nos disponíamos a montar en tuc tuc que nos llevaría al centro… Al poco rato empezó a llover con fuerza de modo casi torrencial y las calles empezaron a inundarse, de repente estábamos metidos en medio de una especie de estanque donde se podía ver de todo…
Calle en Varanasi
Al salir de clase 😉
Rickshaw
El color del agua en las calles de Varanasi
Gente que continuaba en bicicleta o en moto , otros que se arremangaban los pantalones y continuaban  el camino empujando su bicicleta, otros que sufrían pequeños accidentes, rickshaws que continuaban como si nada pasara… Entre estos últimos estábamos  nosotros,  que contra viento y marea seguíamos nuestro camino en tuc tuc con el mejor de los conductores de Varanasi y mira que ahí hay competencia…

Ciclistas que no se rinden 🙂
Nunca ví gente con más reflejos que los conductores de Varanasi que reaccionan a la mínima, acostumbrados a conducir un tuctuc en una ciudad caótica donde cada uno va por donde encuentra sitio.
Entre los bocinazos y nuestros gritos cada vez que salpicaba el agua, continuaba nuestro viaje por sitios por donde las ruedas del tuctuc quedaban totalmente cubiertas por el agua de color chocolate. Me acordé de lo que me había dicho el médico del centro de prevención del CHOU de Ourense. “Ni se te ocurra bañarte en un río, ni en un lago, ni siquiera pases con chanclas por un charco por hacer la gracia… hay muchos animalillos que se esconden en esos charcos y aprovechan para meterse por  debajo de la piel y agarrarse a tus pies… ¡Dioss! ¡Mejor no pensar!
Acostumbrados al agua 🙂
De repente en una rotonda, nuestro conductor que pensó que libraba (hasta yo pensé que libraríamos) pero de repente otro tuc tuc  se metió en medio y tuvimos un accidente 😦
Los conductores de los dos tuctuc se pusieron a discutir en Hindi y nosotras calladitas… Pero la cosa empezó a ponerse fea y hubo un momento de tensión cuando el otro conductor le quitó las llaves de nuestro tuc tuc  y no nos dejaba seguir.
Entonces le comenté a Estrella y a Maribel, si no sería  mejor que le ayudásemos a pagar los daños; que era un faro roto y poco más y  proseguir nuestro viaje… Pero Maribel,  mucho más lista que yo dijo : “No, no digas nada, no es cosa nuestra, eso lo arreglan entre ellos”. Y así fue, no sé como pero el asunto se solucionó y  proseguimos nuestro viaje entre escolares que salían del colegio con el uniforme remangado, familias enteras que viajaban en rickshaw y hombres que aprovechaban para enjabonarse en medio de la calle y realizar un aclarado público 🙂 Los indios son muy limpios, pasan el día bañándose.

Hombre enjabonándose en plena calle 😀
En cada esquina había una foto, lo más impresionante era que nadie se enfadaba incluso sonreían al vernos hacer fotos y caminaban como si no pasara nada…
Sin apenas inmutarse…
La preguntamos al conductor si aquello era normal y nos dijo que en tiempo de monzones era todavía peor y que algunos días no podían ni salir con el tuc tuc…

Poco a poco la cosa parece ir mejorando
Cuando ya estábamos llegando , se nos acercó una moto y una cara sonriente miró para adentro del tuc tuc. Era Amit, que venía a rescatarnos 😉
Otro de mis temores era donde bajaríamos del tuc tuc… ¡No tenía miedo a ahogarme! 😉 Pero sólo pensar en la mierda toda que llevaría el agua, me hacía temblar… Felizmente los tuc tuc nos dejaron en una zona casi seca y desde allí con Amit fuimos a la tienda de Ranjan a comprar algunas cosillas.
La tienda de Ranjan a decir verdad no sé ni donde queda… Por las estrechísimas calles de Varanasi y con Amit al frente, conseguimos llegar a la tienda que como casi todos los edificios de Varanasi tienen una puerta de entrada pequeña por donde casi tienes que agacharte para pasar… En la tienda había tres o cuatro hombres que cosían a maquina sin parar (En la India coser a máquina es cosa de hombres, como aquí el soberano! 😉 Y allí empezamos a mirar todo lo que tenía; kurtas, telas, colchas, pendientes…
Me compré un kurta de color fucsia de tela como de rayón y con flores bordadas en negro. Le pregunté si podía probármelo y me dijeron que pasara a un probador con una cortina. Me gustó, pero los kurtas en India traen las mangas ya hechas y cosidas con una puntada por dentro, así puedes decidir ponérselas o que se quede sin mangas , les pedí que me las pusieran y luego también les pedí que me hicieran dos aberturas a los lados … ¡Esto de tener costureros es una maravillaa! Lo customizaron  a mi gusto y lo compré por 250 rupias sin necesidad de regateos.
Nuria se compró una colcha para regalar, que en realidad luego descubrimos que era una funda de  edredón preciosa y además reversible y también le encargó dos vestidos para el día siguiente ; uno para su niña y  el otro para la hija de una amiga.

Bárbara mirando telas y kurtas 🙂

La confección en India es una maravilla porque tú escoges la tela (Hay telas preciosísimas)  y en las tiendas, te hacen lo que quieras con ella y  con una rapidez que nunca antes había visto. 

Cuando salimos de la tienda ya  estaba casi todo seco, todo aquella agua habría llegado ya al Ganges… 
Después de la tempestad, siempre llega la calma 🙂