Aprendiendo a regatear en Pushkar

Superada nuestra primera noche en tren mucho mejor de lo esperado y después de  recorrer unos cuantos kilómetros en  furgoneta por carretera siempre con la boca abierta y la cámara preparada en todo momento para fotografiar ; monos, vacas, motos ocupadas por tres o cuatro pasajeros, rickshaw, “tutus”… camiones llenos de gente que saludan,  elefantes en la cuneta y camiones que van por el medio de la carretera… LLegamos a nuestro Hotel en Pushkar. 
Nuestro hotel en Pushkar.

Viajar en la India resulta siempre sorprendente y supone un verdadero espectáculo, además de un riesgo.  LLegar a casa cada noche es algo casi milagroso. 

El Hotel era de estilo puramente indio… Como un castillo,  con las fachadas pintadas con motivos tradicionales;  elefantes y bailarinas.  Todas las habitaciones daban a un con un enorme jardín donde paseaban alegremente una familia de dálmatas , los padres y un cachorrito que aprovechaba para dormir  a la sombra de cualquier arbusto.

Un montón de trabajadores vestidos de azul, se encargaban de que todo estuviera limpio y perfecto. No había mucho movimiento en el hotel,  pero conocimos a un grupo de chilenos,  que estaban de paso para ir al Himalaya, y que luego volveríamos a encontrarnos en Jaipur.
El plan para esa tarde era ir al Lago de Pushkar y al mercado.  Amit no vino, sólo Ankit nos acompañó y se notaba como algo cansado. Una noche en tren sin dormir demasiado y pendiente de nueve mujeres que no paran, no puede resultar fácil.
Bajamos andando desde el hotel y por el camino nos encontramos;  vacas, cerdos, monos… y hasta con  una turista japonesa que nos preguntó en que hotel estábamos, al verla sóla le pregunté si quería venir con nosotros… Nos dijo que no. Luego ya vimos que  había ligado. La esperaban unos cuantos chicos de la zona en moto y ella parecía feliz.
Monos en Pushkar
 Ankit nos llevó al Lago de Pushkar donde la gente acude a purificarse. Es un sitio tranquilo donde tienes que caminar descalzo hasta la escalinatas desde donde ves a la gente bañándose y alguna vaca que pasea tranquila, es realmente bonito. Allí se nos  acercaron un par de chicos  que nos hablaron en hindi , alguna de nosotras,  le dijo “no”, pensando quizás que nos había pedido dinero y  los chicos se marcharon educadamente.  Le pregunté a Ankit que había dicho el chico y él me dijo que nos había preguntado si podía sacarse una foto con nosotras. ¡Por favorrr! ¡Qué vuelva!  Me sentí fatal…Pero luego esta situación se repetiría durante todo el día , hasta  acabar cansadas de tanto posar.
Lago de Pushkar
El mercado fue una locura;  Regateamos y  regateamos  y acabé comprándome cosas que no necesitaba. También regateaba para otras y me moría de risa… De repente era como si el regateo saliera de mi interior de modo natural , los años de regateo de mis antepasados comerciantes , habían dejado una clara impronta genética en mí  😉 ¡Cómo la vida misma!!
Me compré un sari, una falda, regalos…Y mientras las compras proseguían, la gente se paraba a mirarnos y  algunos nos pedían que nos sacaramos fotos con ellos. A veces venían sonrientes y te lo pedían sin más, otros te daban la mano y luego nos colocábamos en familia para la foto y sonreíamos mirando al pajarito.  Otras veces,  supongo que serían los  más tímidos,  nos sacaba la foto discretamente con el móbil  sin pedírnoslo y cuando los pillabas, disimulaban.  Algunas madres nos ponían a su bebé en brazos para la foto. Todo nos resultaba raro pero divertido al mismo tiempo y hacía que nos sintiéramos como si  fuéramos famosas!
A las ocho y media habíamos quedado con Ankit y Amit para ir a cenar y cuando llegamos mientras le contábamos nuestra experiencia en el mercado,  un chico se puso en el medio de la conversación mirándonos atentamente.  Le pregunté a Ankit si aquello era normal y si pedirnos fotos era también algo usual allí.  Ankit nos contó que muchas de esas personas venían de aldeas y no habían visto nunca a gente que no fuera india , por eso nos miraban tanto y nos hacían fotos,  para enseñarlas a su familia  a su regreso a casa.
 A decir verdad, nos hicieron sentir especiales!
Gente sacándonos fotos 🙂
Para hacer las mejores compras, sin duda Pushkar.
Ambiente en las calles de Pushkar.
Para acabar nuestra visita a Pushkar, una cena perfecta. 

Cenamos en  la terraza de un restaurante que hace unas pizzas que están riquísimas en un horno de leña.
Sólo estábamos nosotros y un chico español que se sentaba sólo en otra mesa.
De repente empezó una tormenta que no hizo más que convertir aquella cena tan especial, en una cena aún más especial.
Primero se fue la luz por un momento y luego  tuvimos que cambiarnos de sitio porque la terraza estaba cubierta pr una especie de cáñamo y había algunas goteras,  pero el espectáculo era digno de ver.
Cenando las pizzas más ricas de la India
    Al  terminar la cena, Amit nos engañó diciendonos que él  sabía como poner un sari 😉 Y le puso a Ángela el sari que se había comprado , luego yo le ayudé a Amit a ponerse el mío. ¡Estaban los dos guapísimos!
Amit estrenando mi sari y Angela estrenando el suyo 😀
 Luego Ankit nos enseñó algunos dibujos que hace su padre y para continuar con la perfección de la noche, justo en el momento en que salíamos para el Hotel dejó de llover y  hasta las calles parecían secas.
¡Nunca había disfrutado tanto de una tormenta!
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